domingo, 12 de mayo de 2013

Superación personal constante.



Extraído del Hagakure.

Yagyu, el maestro de la Vía de Sable, que enseñaba al Shogun Tokugawa, decía:
“No sé cómo superar a los otros. Todo lo que sé es cómo superarme a mí mismo”.
Él decía:
“Hoy, yo soy mejor que ayer, mañana todavía seré superior”.


Constantemente  la sociedad pretende que se busque el mayor éxito posible en cualquier empresa que emprendemos, pero en mi opinión se focaliza erróneamente esa finalidad de llegar a lo más alto, pues da la impresión de que aquello que se espera realmente es el éxito reflejado en la aprobación de los demás, es decir, que lejos de obtenerse el reconocimiento al trabajo y al esfuerzo propiamente dicho (El camino andado) lo que se contabiliza es el nivel de éxito obtenido, como si se tratase de una especie de fin de ciclo. ¿El fin justifica el medio? Personalmente creo que no.

Lo provechoso de estas palabras dichas por el maestro Yagyu es el tratar de hacer un ejercicio de introspección y no verse reflejado en los demás, ni para ser objeto de comparaciones ni para recibir elogios (banales o no), ni por supuesto autoimponerse metas que de ser conseguidas sólo coartarán todo el potencial del que se dispone realmente pues nos alejaría de la continuidad que debería acompañarnos hasta el fin de nuestros días.  La progresión que se obtiene, lenta y con constante esfuerzo, es el objetivo real, una consecución de pequeños objetivos diarios que se resumen en qué; “ Si hoy soy mejor que ayer,  hice un buen trabajo”.
Cuando al conseguir un objetivo y este se compara con el logrado por la gente de nuestro alrededor se corre el peligro de sufrir lo que llamo el “Síndrome de las Orejeras de Burro” pues sólo logramos ver una pequeña parte del conjunto y esto nos impide disfrutar de una mirada periférica del conjunto que siempre será más provechosa que “atravesarse” mentalmente en la propia frustración.

Por eso, en resumen,  estas frases de maestro Yagyu son pequeñas joyas para protegernos del mayor de nuestros enemigos;  Nostros mismos.

domingo, 14 de abril de 2013

375 Aniversario del final de la Rebelión Cristiana del Castillo de Shimabara.



375 Aniversario del final de la Rebelión Cristiana del Castillo de Shimabara. Sobre los samurái cristianos.

Homenaje a Amakusa Shiro.

Esta vez voy a escribir brevemente sobre los Samurai Cristianos, y dentro de estos los católicos, que para sorpresa de muchos, también los hubo. Parece que la gente practicante de Artes Marciales Japonesas asocia la mayoría de las veces la figura del guerrero “Bushi” a alguien mas vinculado al budismo o al sintoísmo, pero nada más lejos de la realidad el asociar una religión concreta a estos guerreros que hoy nos sirven a muchos como referentes a la hora de nuestra práctica y hasta a la hora de asimilar determinadas situaciones de la vida cotidiana.
Bien, esta entrada surge  raíz de que en más de una ocasión he oído a algún compañero de práctica hacer chistes sobre los católicos y sus creencias. Esto tampoco es de extrañar en un país donde se confunde progreso con defecar sobre cualquier aspecto mínimamente tradicional de nuestra España, así somos aquí y así no va.
El caso es que para que, Dios lo quiera, y digo esto con toda la calma ya que me considero católico aunque mi acciones las fundamento hace muchos años en el Bushido, consiga al menos que se respeten las creencias, voluntades y preferencias personales para lo que comprendamos  y para lo que no. Muchas veces conviene recordar que el respeto y la tolerancia va en dos direcciones, es decir; No comprendo que alguien pida respeto para quienes eligen ser vegetarianos, o quienes no quieren fiestas taurinas y sin embargo se mofe de alguien que elige ser católico, musulmán, budista, etc…
Bueno, pues los protagonistas de esta entrada fueron los protagonistas de la Rebelión de Shimabara (島原の乱 Shimabara no ran) entre finales de 1637 y principios de 1638.

Hay un libro que recomiendo pero lo leí en Italiano y creo que no se ha editado todavía en Castellano, se llama Il Crocifisso Dei Samurai  de  Rino Camilleri. Pero para contar un poco por encima la historia voy a valerme de la Wikipedia que me parece bastante ilustrativa para este tema. Por cierto en el libro que he mencionado aparece Miyamoto Mushasi, para los que viven el Bushido no hay mucho más que añadir, pero tranquilos los anti-clero que este no era católico. ;)

Bueno, ahí va a groso modo la historia; A mediados de la década de 1630, los campesinos de la península de Shimabara y de las islas Amakusa estaban insatisfechos con el pago de impuestos excesivos y sufrían los estragos de la hambruna, por lo que se sublevaron contra los señores feudales. Los habitantes descontentos y los rōnin comenzaron a tener reuniones secretas y planearon la rebelión, la cual estalló en otoño de 1637, cuando el daikan (recolector oficial de impuestos) fue asesinado. Al mismo tiempo, otros se rebelaron en las islas Amakusa. 
Amakusa Shirō, un carismático muchacho de dieciséis años, fue escogido como el líder del movimiento. Hijo del partidario Clan Konishi, Shiro fue nacido en Kami-Amakusa, ciudad ubicada en Kumamoto, Japón, y observado por los líderes de la Rebelión de Shimabara como el "Cuarto Hijo del Cielo," San Francisco Javier predijo que Amakusa iba a ser el destinado en liderar la Cristianización en Japon. Shirō falleció durante el asalto final al Castillo Hara, en el año de 1638, Shiro lidera la defensa de Hara y muere cuando cae derrotado el castillo, también fallecen junto a él otros defensores que lo acompañaban.  Su cabeza fue posada sobre una lanza en Nagasaki por un largo tiempo como advertencia para cualquier otra potencial rebeldía del cristianismo.

Los rebeldes asediaron los castillos de los clanes Teresawa y Hondo pero antes de que los castillos cayeran llegaron ejércitos de los dominios vecinos de Kyūshū, obligándolos a retirarse. Las fuerzas rebeldes cruzaron el Mar Ariake y asediaron por un breve tiempo el castillo Shimabara de Matsukura Katsuie pero fueron repelidos nuevamente. En este punto las rebeldes se reunieron en el castillo Hara que había sido desmantelado anteriormente. Construyeron empalizadas utilizando la madera de los botes en los que habían cruzado, además de que se armaron fuertemente con las armas, municiones y provisiones que saquearon de los almacenes del clan Matsukura.
El ejército de los dominios locales bajo el mando del Shogunato Tokugawa con Itakura Shigemasa como jefe al mando comenzó el asedio del castillo Hara. El famoso espadachín Miyamoto Musashi se presentó también con el ejército para comenzar el asedio.
Cuando solicitaron ayuda a los holandeses éstos proveyeron armas de fuego y cañones, los cuales fueron montados en una batería de artillería en un barco de guerra, comenzando el ataque.  Se dispararon cerca de 426 rondas de munición en un espacio de quince días sin lograr algún avance importante, incluso dos espías holandeses fueron muertos por los rebeldes.  Los japoneses ordenaron al barco que se retirara, por lo que los rebeldes desde el castillo les mandaron un mensaje:
¿Es que ya no hay soldados valientes en el reino para combatir con nosotros, y no se avergonzaron de haber llamado a extranjeros en su auxilio contra nuestro pequeño contingente?
En su intento por tomar el castillo fue muerto Itakura Shigemasa. Más tropas bajo el mando del sustituto de Itakura, Matsudaira Nobutsuna, llegaron rápidamente al lugar. Sin embargo y a pesar de los esfuerzos, los rebeldes del castillo Hara resistieron el asedio durante meses y causaron grandes bajas en el ejército del shogun.  Ambos bandos sufrieron ante las condiciones de la batalla en el invierno.  El 3 de febrero de 1638, un grupo pequeño de rebeldes mató a 2.000 guerreros del dominio de Hizen. A pesar de esta pequeña victoria, lentamente se quedaron sin comida, municiones y provisiones.
Para abril de 1638 había 27.000 rebeldes luchando contra 125.000 soldados al mando del shogun.  Algunos rebeldes desesperados intentaron un asalto en contra del ejército él 4 de abril pero fueron obligados a retirarse. Los sobrevivientes capturados, así como un traidor en la fortaleza confirmaron que ya no tenían ni alimentos ni pólvora.
El 12 de abril de 1638, tropas bajo el mando el mando del clan Kuroda atacaron la fortaleza y capturaron a los defensores de la parte exterior del castillo. Los rebeldes continuaron la Resistencia ocasionando grandes bajas al ejército hasta que fueron vencidos finalmente el 15 de abril.


Conviene recordar que el respeto y la cortesía son virtudes inseparables de un buen practicante del Bushido, los samurai no son sólo personajes del Cine, Animación, Mangas, etc. Eran personas reales, por eso son tan admirables y por eso, al menos hablo por mi, los tengo como referente constante en mi vida.

martes, 12 de marzo de 2013

REI, la Cortesía.

- Rei: Cortesía -Uno de los siete principios del código del Bushido es REI, es decir la Cortesía. Dicen de esta que es tal vez la primera y más importante norma del Bushido, que todo estudiante de Budo debe conocer y practicar sea la Cortesía. Y que debe ser considerada como una manifestación de simpatía y respeto por los sentimientos del prójimo sin que se confunda con una forma mecánica de comportamiento hacia los demás. Es decir, la cortesía debe ser algo lleno de contenido, una muestra de respeto y no llegar a convertirse en una forma de hipocresía, en un gesto vacío. Esto puede pasar inadvertido por cualquiera en cualquier circunstancia aunque no deje de ser una lástima que muchos elijan comportarse de una forma más propia de primates que de seres humanos. Considero que hay jóvenes que detrás de la práctica de las artes marciales trata de emular a sus héroes ficticios o vivir una, llamémosle realidad alternativa. Creo que no es labor del Sensei de un Dojo estar corrigiendo las normas básicas de educación, respeto y cortesía de alguno de sus alumnos respecto a los demás puesto que lo deberían llevar aprendido antes de ponerse un kimono. Esa Cortesía debería acentuarse en el trato con los que puedan llevar menos tiempo y/o tengan menos experiencia, pues es un signo de grandeza y calidad humana. Algunos practicantes jóvenes de artes marciales deberían saber, recordar o entender que detrás de las películas de Samuráis, los comics, etc. hay una esencia que para muchos todavía vive de alguna manera y debemos protegerla lo mas limpia posible para que llegue a los que vienen detrás de nosotros. A lo largo de mi vida he practicado entre otras artes; Karate-Do, Kobudo, Defensa Personal, Judo y ahora aprendo Kendo. Tengo 31 años y dentro de pocos meses seré padre si la Providencia lo permite, estos datos obviamente son desconocidos para algunos compañeros mucho más jóvenes que ignoran quien es o de donde viene el tipo que tienen delante con un Shinai y cara de pérdido, pues sabe menos e intenta aprender. Convendría que muchos jóvenes recordaran que la vida no es ninguna película y guardaran el respeto que merecen ciertas prácticas de las que ahora forman parte, y que recuerden que el respeto, y los buenos modales van en ambas direcciones, no sólo hacia quienes llevan más tiempo en una actividad o al maestro, ya que encarnar una filosofía y práctica tan venerable como el Kendo, por ejemplo, no es sólo creerse un samurái contemporáneo, es comportarse como tal al menos dentro del Dojo.


domingo, 3 de marzo de 2013

El apego a lo mundano.



Yuko Mishima nos formula una pregunta sencilla.- ¿Queréis tanto a la vida como para sacrificar la existencia del espíritu?
En esta época nuestra  nos encontramos  en una  crisis económica que estoy convencido que ha ido de la mano de una anterior y vigente crisis espiritual, moral y ética.  Hemos de reconocer que en estos tiempos el bombardeo de ideas y formas de vivir, modas pasajeras todas ellas, nos golpea incesantemente. Nos obliga a actuar, vestir o hablar de determinada manera, de movernos por  predeterminados ambientes y en resumen a encasillarnos en alguna de las etiquetas que nos ofrece esta sociedad, véase el heavy, la pija, el paleto, el gafa pasta…ect. Hasta para aquellos que no encajan claramente en alguna de esas prediseñadas formas de vida tiene nombre…el friki. En resumen, que para la tranquilidad mental de nuestros semejantes tenemos que pertenecer, o al menos parecerlo, claramente a algún grupo para que puedan ubicarnos en el variopinto mapa demográfico.
En relación con esta idea el individuo debe sacrificar toda posibilidad de cultivar la introspección ya que los pensamientos que entrarían en confrontación con  las reglas que dictan esas etiquetas anteriormente citadas serían una avalancha mental muy difícil de dominar. Es decir, que un tipo que pertenezca a una determinada tribu urbana, que viste, habla, se mueve e incluso piense  de determinada manera levantaría una importante duda sobre su lealtad al grupo si de la noche a la mañana cambiara, supongamos, simplemente la forma de vestir o los locales donde tomar una copa. Sacrificar al propio yo en virtud de una pose socialmente aceptable y reconocida por el resto del grupo, que no tendrán ningún pudor en señalar con el dedo a quien se salga de la norma. Llevándolo a un  extremo todos sabemos cómo muchos alemanes del año 1938 comenzaban a señalar así a sus vecinos de toda la vida para reafirmar su lealtad al gran grupo aunque pisotearan su alma y/o principios haciéndolo.

La pregunta es interesante sobre todo para aquellos que gritan a los cuatro vientos lo importante de vivir siempre al límite y disfrutar al máximo cada segundo sin mirar el mañana alegando un mal entendido Carpe Diem que poco o nada tiene que ver con la frase del poeta  Horacio. Es entonces cuando muchos la hacen suya interpretándolo  como un obsceno onanismo vital que solo da lugar a pequeños Dionisios que convierten sus deseos en la prioridad número uno. Un cerdo se come sus propias heces cuando tiene apetito, luego hay hombres que terminan comportándose con unas  formas más propias de animales priorizando continuamente todos sus deseos, hasta los mas banales.
Este enfoque es solo uno de los muchísimos que se pueden hacer de esta sencilla cuestión que daría para escribir libros enteros al ponerla en confrontación con la sociedad actual, de modo que la retomaré en otra ocasión.
Saludos.

martes, 19 de febrero de 2013

Saber escuchar a quienes no dicen nada.



Dice Yamamoto Tsunemoto; “Cuando uno sabe un poco de algo, hace como si supiera mucho. Esto es prueba de la inmadurez. Cuando uno sabe mucho, no lo muestra.  Esto es algo profundo.”
Dicho de otra forma; Quien sabe de algo no encuentra razones para alzar la voz. Es muy común en nuestra sociedad, de un primitivo carácter latino, el encontrarse continuamente en la situación de tener que levantar la voz por encima del resto para poder participar en una conversación. Incluso ocurre que si se opta por permanecer en silencio por diferentes causas, sea una de ellas sencillamente no querer subir el tono del habla o incluso preferir escuchar como los demás luchan en una guerra de decibelios por hacerse oír, habrá quien se pregunte para sí o compartiendo sus pensamientos con los presentes: ¿No dices nada? ¿Te pasa algo? Incluso -¿Te aburres?
Nos hemos mal acostumbrado a escuchar a quien más grita, solo hay que ver que televisión tenemos, y desgraciadamente la mayoría de las conversaciones interesantes no son posibles porque nadie quiere esperar atento a qué dicen los demás, su turno para hablar, al no ser que haya otro matices como que sea un encuentro de tipo laboral o sencillamente que queramos mostrar lo mejor de nosotros aparentando una serenidad y saber estar que en caso de un encuentro de confianza no tendríamos.
Muchas veces las historias más interesantes que encuentro cuando me junto con alguien a tomar algo son las de quienes en principio aparentan más reservas a la hora de participar de las conversaciones. Un ejemplo claro lo encuentro cuando nos juntamos toda la familia y todo es algarabía y jaleo mientras mi abuela, ya de una edad muy respetable, permanece en silencio observándonos levantando la voz y haciendo ademanes como quien observa a unos animales detrás de una valla en el zoo. Y es sin duda, de todos los que podamos estar reunidos en ese momento, de quien más se podría aprender si se tuviera la suficiente calma para saber esperar. Muchas charlas con ella me lo han demostrado.

Volveré a escribir sobre este tema porque considero que da para mucho más, pero las obligaciones preceden al arte y hay asuntos que atender, de modo que finalizaré diciendo que merece la pena esforzarse por oír lo que tienen que decir quienes menos hablan.